En la actualidad, varios de los equipos punteros de Europa cuentan con un delantero africano. Etoo en el Barcelona, Drojba en el chelsea o Kanoute en el Sevilla, son un ejemplo de ello.
Asismismo, esta tendencia también se está dejando sentir en equipos más modestos, como es el caso de Martins en el Newcastle, McCarthy en el Blackburn Rovers o Tchité en el Racing, el fichaje más caro en la historia de la entidad cántabra (7´5 millones de euros) y que tendrá ante sí el reto de hacer olvidar al idolatrado Nikola Zigic.
Otro dato a tener en cuenta es la cada vez más común entrada de jugadores totalmente africanos (no jugadores procedentes de las antiguas colonias, pero que han desarrollado toda su carrera en Europa, como el caso de Vieira, Henry, Desailly, Davids, Seedorf...) en ligas que anteriormentelos veían con recelo como el Calcio, la Premier o la Liga de las Estrellas.
El todopoderoso Chelsea cuenta con cuatro (Obi Mikel, Essien, Drojbay Kalou), igual que el Arsenal cuenta con Adebayor, Toure, Eboue oSong. Barcelona Real Madrid y Sevilla, confían la tarea defensiva en la medular a Diarra, Yaya Toure y Keita.
Mención a parte la del Sevilla. Monchi, uno de los mejores Técnicos Deportivos del mundo y el másreceptivo a las nuevas tendencias dentro del panorama nacional, ha apostado por los mencionados jugadores malís y Aruna Koné (uno de los delanteros mas prometedores en la actualidad).
Una vez hecho este análisis personal, me referiré al verdadero motivo de este post, el primer jugador africano que demostró estar al nivel de los mejores jugadores mundiales: George Weah.
Balón de oro en 1995 y Mejor Futbolista del Mundo por la FIFA en 1996, cuando formaba parte de los rossoneri, Arsene wenger le dio la oportunidad en Europa formando parte de las filas del Monaco.
Siempre permanecerá en mi memoria gracias a la brillante dupla que formó con David Ginola en el Paris Saint Germain.
Por aquel entonces el Parque de los Príncipes era un estadio que infundía respeto a sus rivales en la Copa de Europa. Lama bajo palos, defensa de tres formada por Cobos, Kombouare y Roche. Le Guen, Valdo, el incansableGuerin, el destructor Bravo y el digno sucesor familiar de la saga de Socrates, Raí, construían una teladearaña axfisiante en el centro del campo. En la punta de ataque la potencia y velocidad del liberiano junto a la calidad y capacidad de desborde del galo. Memorable aquella eliminatoria frente al Dream Team de Joham Cruyff.
Sus botas rojas de Diadora, su zancada, habilidad y definición de cara a gol, logaron hacer olvidar, en parte, el gran vacío dejado por Marco Van Basten en el Milan. Durante su etapa italiana consiguió dos campeonatos de liga y se ganó a lós tiffosis con goles tan espectaculares como aquel que marcó al Veronaavanzando desde su propia área.
Rememoren sus virtudes con este golazo: Potencia, técnica más que aceptable, esa dosis de egoismo que atesoran los verdaderos'killers' del área e ideas claras cuando tenía que enfrentarse al guardameta rival.
Con el nuevo milenio llegó su declive. Su fugaz paso por tres equipos en horas bajas, Chelsea, Manchester City y Marsella, no ayudó a tener una despedida digna acorde a su figura. Terminó colgando las botas jugando en Los Emiratos Árabes.
La selección nacional siempre fue su espina. Nunca pudo jugar ninguna competición internacional con Liberia y tuvo que llegar a renunciar a jugar con su país por presiones políticas. Tras su retirada llegóa presentarse a las elecciones presidenciales, pero fracasó en su intento. En la actualidad colabora activamente con UNICEF.
En la actualidad el calificativo de 'pantera negra' se le ha otorgado a cualquier jugador africano que destacara por su potencia. Desde mi humilde blog quiero reivindicar la propiedad legítima y exlusiva del atacante natural de Monrovia. El 'Cristobal Colón' del fútbol africano en europa .
Cara angelical y calidad a raudales son las señas de identidad del jugador sueco más talentoso de la década de los noventa.
Los tifosi del Parma disfrutaron de sus celebraciones dando una vuelta en el aire sobre sí mismo durante cinco años. Un lustro en el que formó una pareja letal con el colombiano Faustino Asprilla. En aquellos días de vino y rosas para la entidad italiana, el 'Leonardo Di Caprio nórdico' colaboró en la consecución de una Recopa de Europa y una UEFA.
Brolin llegó al cenit de su carrera en el mundial de Estados Unidos. Este 'ratonero del área' lideró a la mejor hornada de jugadores suecos de la historia, de la que formaban parte hombres como Thomas Ravelli, Patrik Andersson, Joachim Björklund, Stephan Schwarz, Klas Ingesson, Martin Dahlin y Frederik Larsson. Acabó tercera, la mejor clasificación de entre todas sus participaciones.
¿Qué hubiera sido de él si no hubiera sufrido aquella lesión que mantuvo un año apartado de los terrenos de juego?
Eso nunca lo podremos saber con seguridad, pero lo cierto es que después de aquello no volvió ser el mismo. El Leeds United confió en el y pagó cerca de 4´5 millones de libras por su traspaso. Tras ser cedido al Zurich y el propio Parma, puso fin a su carrera en el Cristal Palace.
Velocidad, habilidad y capacidad de desborde, hicieron que durante mis años de alevín celebrara los tantos como él. Goles como el que marcó a Rumanía en el mundial de 1994 dan buena cuenta de la picardía de este jugador inolvidable.
Corría el año 1995 cuando un modesto club inglés, el Balckburn Rovers, se alzaba con el título de liga en un final agónico. El Manchester United de Sir Alex Fergusson peleo aquella Premier League hasta el final.
Por el equipo de la rosa jugaban jugadores históricos para aquellos chavales de mi generación que disfrutaron la Eurocopa de Inglaterra en 1996. Futbolistas que nunca pudieron rendir a un nivel superiora al de aquel año, en sus posteriores clubes.
Me refiero al portero Tim Flowers, el lateral zurdo que luego acabaría en el Chelsea, Graeme Le Saux o el tanque Crish Sutton.
Dejo en último lugar al mayor responsable de aquella gesta, Alan Shearer. Delantero potente, de disparo demoledor y cabezazo letal. El hombre de las celebraciones respetuosas ha dejado un vacío en la punta de ataque de la selección inglesa que nadie ha logrado llenar aún. En este vídeo podreís deleitaros con sus mejores goles durante su última etapa:
Tras la consecución de aquel título, al ariete británico le salieron muchas novias. Desechando con acierto la posibilidad de recalar en algún club europeo (pienso que por sus características no se hubiera adaptado a otra liga) se dejó llevar por sus colores y firmó un multimillonario contrato con el club de su ciudad, el Newcastle.
Pese a los costosos y numerosos fichajes realizados por el club, sus actuaciones en la Premier League siempre han sido muy discretas y decepcionantes para la afición de las ‘magpies’ (urracas).
La historia de amor entre Shearer y el Newcastle comenzó a la tierna edad de los catorce años, cuando el atacante rechazó firmar con el equipo de ‘sus colores’ para “foguearse en otro club” (palabras textuales de Shearer). Tras destacar en el Southamptom y el Blackburn Rovers, no pudo volver a decirle que no al club blanquinegro.
A sus 35 años cuelga las botas el último gran ‘nueve’ inglés que yo haya conocido. Referencia para todos los equipos donde jugó. Debido al peculiar concepto futbolístico británico de amor incondicional al equipo de su ciudad, prefirió ser un ídolo para la afición de Saint James’ Park, en lugar de haber probado fortuna en alguno de los ‘grandes’ como Manchester, Liverpool o Arsenal.
Me quiero despedir de él con la imagen que siempre perdurará en mi recuerdo, la de sus características celebraciones. Brazo derecho tímidamente elevado sobre su testa, esa que tantas alegrías a dado a sus aficionados y quebraderos de cabeza a los cancerberos ingleses, dedo índice señalando hacia el cielo y sonrisa de gentleman en su rostro.
Desde que yo tengo uso de razón, Brasil siempre ha sacado jugadores determinantes como Raí, Romario, Bebeto, Leonardo, Rivaldo, Ronaldo, Ronaldinho, Kaká…Ahora bien, hoy me voy a detener en otro prototipo de brasileño, el del medio centro trabajador y de contención.
Históricamente, la canarinha ha necesitado de hombres encargados de robar y pasar, que compensen la despreocupación defensiva de sus hombres más creativos. Futbolistas a los que les quemaba el balón en los pies y que raras veces pisaban el área contraria. Me refiero a los Mauro Silva, Emerson, Gilberto Silva…En esta ocasión el elegido es Mazinho.
Ex-jugador del Valencia y Celta, corría el año 1994, cuando Omar Do Nascimento, Mazinho, llegaba al cenit de su carrera en el estadio Rose Bowl de Los Ángles, proclamándose campeón del mundo.
Jugador sacrificado y generoso en el esfuerzo, no destacaba por su físico. Bajito y de velocidad reducida, su colocación y trote lento, le permitían hacerse dueño y señor de la medular en cada partido.
Atleta de cristo, no responde al prototipo de jugador ‘cantamañanas’ y ‘juerguista’ que muchas veces padecemos los aficionados en nuestros equipos. Por lo que he podido saber, en la actualidad se dedica trabajar en una escuela de fútbol en Vigo.
Momento que quedará en el recuerdo:
Mazinho, Romario y Bebeto, celebraban un tanto ante Holanda como si estuvieran acunando a un niño. Este ‘homenaje’ al hijo del atacante del Deportivo, ha sido imitado hasta la saciedad por jugadores de todo el planeta, cuando han querido celebrar su paternidad.
Jugador frío e intermitente. Venerado por sus goles y detestado, en ocasiones, por su indolencia sobre el terreno de juego. Defendió la camiseta del Atlético de Madrid, Racing y Mallorca, en la liga española.
Delantero con poca presencia física y velocidad reducida, sabía sacar partido de esa parsimonia que le permitía hacer gala de su mejor arma, el recorte.
Futbolista que necesitaba de otro delantero centro que incordiara y luchara por él, no gastaba fuerzas en balde. Como tantos y tantos delanteros de gran calidad y rácano despliegue físico, el uruguayo sabía qué hacer con el balón en los pies.
Conocedor del ‘oficio de área’, estekiller definía como nadie ante el guardameta rival. Esa lentitud para presionar o bajar a recibir al balón, se convertía en codiciada habilidad en los metros finales, donde los atacantes vulgares dejan al descubierto sus vergüenzas.
El charrúa deleitaba en sus esporádicas acciones de gol. Como si de un buen amante se tratara, sabía en qué momento correspondía imprimir velocidad y cuando había que bajar el ritmo, para lograr batir la meta del contrincante.
Quedará en la memoria de todos los seguidores racinguistas la exhibición ofrecida en San Mamés durante la temporada 1997-1998, donde anotó un estéril hat trick al eterno rival. El ariete charrúa ofreció su mejor fútbol en el Sardinero, donde anotó 27 goles en las dos temporadas que vistió la elástica verdiblanca